¿Quién de nosotras cuando abre una posición y ve que, tal cual la abre entra en pérdidas, no siente un entripado en el estómago y piensa: "ya me me pillaron"?
Saber que son gajes del oficio está bien; que se tiene el riesgo cubierto, también está bien: sabes exactamente lo que puedes perder, pero ¡¡que mal sienta, oiga!!,
Y si es un día y otro, y otro... uf, casi nada. Acabas con la moral tocada y la autoeestima no sabes dónde te la has dejado.
Los síntomas son claros: una sensación inconfundible en el estómago, pasarse el día mirando la pantalla para ver si por fín cambia el tercio, dormir mal pensando en cómo podría arreglar la posición abierta...
¿Qué podríamos hacer con eso? ¿Se podría canalizar esa tensión emocional?
La verdad es que si estás operando al descubierto, es decir, operando apalancadamente y sin cubrir (excluyo el contado aquí) y encima la posición es fallida..., pues puede resultar absolutamente insufrible; Yo, personalmente, en esos casos no puedo pensar, entro en estado de pánico, así que "por definición" no opero así. Pero en cualquier caso (aunque no haya posibilidades de entrar en pánico) resulta absolutamente desagradable la situación.
He detectado que el día que digo: "Se acabó, esta vez toca perder", (es decir, asumo que voy a perder) y puedo pensar en la siguiente operación como independiente de la anterior..., es el momento de volver a operar y no antes. No digo que eso evite que al final pierda o no, sino que mi percepción sobre la situación del mercado vuelve a ser independiente y objetiva sin estar condicionada por la operación previa a contrapie.
Esto es en mi caso y lo tengo establecido como norma: No operar mientras tenga la atención fijada en la operación previa. A base de hacerlo se hace rutinario, y he llegado al punto de que de entrada digo: "bueno, a ver por cuanto me va a salir esta operación". Me pongo en lo peor desde el principio, hago la operación y la aparco.
¡Vale!, lo admito; lleváis razón, toda la razón. Quizás esta postura sea un poco derrotista o poco positiva, pero a mi temperamento le va bien eso de ponerme en el peor de los escenarios desde el principio.
No insinuo que sea la postura correcta, sólo que a mí me sirve. De hecho, si me pongo en lo peor, la única posibilidad que me queda es mejorar. Lo prefiero, en vez de anotar disgustos, anoto alegrias.
En mi opinión, cada persona que se dedica a esto debería estudiarse un poco y llegar a sus propias conclusiones sobre este particular ¿no estáis de acuerdo?

Saludos.

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